Vaping Today: reducción de daños por desinformación

Vaping Today: reducción de daños por desinformación
Imagen: Vaping Today

¿Por qué necesitábamos un periódico dedicado al vapeo, hecho por vaperos para vaperos?

Una noticia es un tipo de comunicación periodística que narra de la manera más objetiva posible unidades estructuradas de información. Suele ser el resultado de reunir datos de una o más fuentes y con distintos puntos de vista, y lo usual es recurrir a quienes vieron un hecho, lo escucharon, lo leyeron o lo han investigado. Este tipo de texto se encuentra en nuestras categorías ‘Política’ y ‘Ciencia’. 

Aunque no es el único tipo de narración periodística, para la gran mayoría de los lectores lo que sale en un periódico es una noticia. Y uno de sus calificativos más conocidos (y deseados) es el de ‘imparcial’. Pero esto quizás sea una quimera. En una narrativa supuestamente objetiva y neutra hay una elección de palabras y un encadenamiento de ideas que resultan de conceptos y juicios. Las narrativas son fruto de elecciones y rechazos, imponen una perspectiva y suelen estar llenas de ángulos y de interpretaciones muchas veces imperceptibles para la mayoría de lectores. 

El principio fundamental que debe regir al periodismo es el compromiso con el hecho. Evidentemente, debe seguir la cartilla de la objetividad y entregar el mensaje. Pero si es posible y relevante, también debe ir más allá de la noticia, profundizar y presentar enfoques divergentes. El periodismo debe sembrar interrogantes, provocar el cuestionamiento y la reflexión a partir del mensaje. 

En el mensaje se puede defender un punto de vista, una idea en lugar de otra. Sin embargo, no hay que dejar dudas en el lector acerca de los principios y valores que se defienden. La prensa especializada tiene esta ventaja frente a la masiva; no necesita esconder su vocación, su pasión. No es que esté autorizada a sesgar o manipular la información, pero está dispuesta a demostrar su confianza en un argumento y a hacer pública su perspectiva. 

Por supuesto, para los seres humanos puede ser difícil remover nuestras premisas, revisar conceptos y dar una oportunidad a nuevos argumentos, así como correr el saludable riesgo de cambiar de opinión. Es natural y confortable poner más atención a aquello que confirma o está de acuerdo con nuestros puntos vista. Sin embargo, en situaciones controversiales y complejas, hasta la prensa especializada debe someterse a la virtud de la duda. Aunque defiende de modo explícito un conjunto de valores, debe someterse a la reflexión y al examen constante de sus fuentes. 

La percepción de la noticia: una frase que se escribe en plural

Hay distintas formas de recibir e interpretar una noticia. El mundo de la información es complejo y el efecto de medios hostiles es ilustrativo al respecto. Se trata de una teoría que empezó a ser estudiada en la década de 1960, en el campo de comunicación de masas, y que buscaba explicar cómo dos individuos pueden tener una percepción completamente distinta de una misma noticia. En situaciones como esta, individuos con opiniones opuestas podían considerar desfavorable para sus ideas una misma información.

Esto indica que es posible dar sentido a una misma noticia o mensaje de maneras completamente distintas, hasta contrarias. Y lo anterior explica por qué, en un contexto de polarización, una misma noticia puede estar defendiendo un punto de vista para el lector A y otro completamente antagónico para el lector B. 

Parece ser que la percepción que se impone es la más difundida, la que se absorbe cultural e ideológicamente. En estas primeras décadas del siglo XXI ha circulado información de diversas fuentes, como:
– La prensa alternativa, especializada o de nicho;
– La prensa tradicional en crisis, que ha tenido que competir con las redes sociales;
– El breaking news de, precisamente, las redes sociales, y
– Otras formas más diversas, veloces y sutiles de difusión de información, como las cadenas de WhatsApp.

En este contexto, el papel de la prensa especializada es brindar al lector la posibilidad de acceder a fuentes de información filtradas y agrupadas por su calidad. De este modo favorecerá su “ecosistema informacional” y tendrá una alternativa frente a la cantidad indigesta de información tendenciosa o irrelevante que circula por todos lados. 

Las fake news y la propagación de la duda

Donald Trump dijo que creó la expresión fake news durante la campaña presidencial de 2016. Y su afirmación también es una fake new. Según el diccionario Merriam-Webster, el término fake news es utilizado desde el siglo XIX. Aunque ‘adaptar’ una noticia y alejarla de la verdad con propósitos sociales, económicos o políticos es un fenómeno aún más antiguo. 

En cualquier caso, sí que es cierto que las noticias falsas se han vuelto muy populares en los últimos años. Han protagonizado diversos eventos recientes en muchos lugares del mundo. Tal es el caso del Brexit y de las campañas presidenciales de Jair Bolsonaro en Brasil y Donald Trump en Estados Unidos.

Ya en 1921 el historiador francés March Bloch decía que las noticias falsas necesitaban un ecosistema favorable para sobrevivir, y este incluía personas dispuestas a creerlas. En la actualidad tenemos quién las amplifique, las masifique y las haga parecer ciertas. Se trata de las masas en las redes sociales, que han aprovechado el descrédito de la prensa tradicional y han sido fundamentales para la circulación de noticias falsas.  

Ahora existen empresas especializadas en la creación de engaños y la manipulación de datos (ver Cambridge Analytica). También circulan verdaderos ejércitos de robots y perfiles falsos en las redes, así como una multitud de páginas travestidas por internet. Los métodos para encontrar el punto débil del lector para infundirle ideas o determinar sus pensamientos están evolucionando y son demasiado sutiles y variados para ser descubiertos por las empresas que se dedican a comprobar la veracidad de noticias sospechosas

Una nueva versión de las noticias falsas tradicionales, que operan bajo el signo de la convicción, la estrategia de propagación de la duda parece haber sobresalido y ganado fuerza. Esto es especialmente cierto cuando hablamos de los recursos que nos entregan las redes sociales, que es un ambiente de infoxicación (la cantidad intoxicante de información) a la que todos estamos sometidos. 

Aunque se perciba una evolución, la propagación de la duda no es nueva y no difiere mucho de las tradicionales noticias falsas. En ambos casos se usan canales tradicionales de distribución y grandes volúmenes de información. Se difunden por medio de agencias de noticias, asesorías de prensa y similares, muchas incluso ingenuamente responsables. Se diseminan noticias que cargan información y datos contradictorios, o que niegan alguna suposición o noticia anterior.

En general, se hace esto bajo una firma de gran autoridad y se busca que el mensaje resuene con las creencias de la mayoría de los lectores, no porque el mensaje sea un fin en sí mismo, sino para construir una estructura de “descreencias”. Es decir, el objetivo no es comunicar una noticia falsa, sino reforzar o crear ideas que destruyan alguna otra noticia que podría ser creíble o que simplemente no es del interés de los grupos dominantes. Este mecanismo ha sido ampliamente utilizado por negacionistas, como los antivacunas, los grupos que niegan el cambio climático o los prohibicionistas antivapeo.

El caso Stanford y la construcción de la descreencia

Las noticias falsas y la propagación de la duda también ocurren en el debate científico. El caso del profesor Stanton Glantz de la Universidad de California es paradigmático. Pero en un timing perfecto, cuando el mundo lleva meses en una pandemia, en las últimas semanas la prensa de todo el mundo ha difundido la noticia de que un estudio de las universidades de Stanford y California “presentaba evidencias” de que consumidores de cigarros electrónicos tenían mucho más riesgo de contraer la COVID-19. 

La investigación ha analizado una encuesta abierta hecha a 4.351 personas entre los 13 y 24 años distribuidas en 50 estados de Estados Unidos. Estas personas contestaban si habían vapeado, si habían obtenido resultados positivos en la prueba del nuevo Coronavirus o si habían tenido síntomas de la COVID en los últimos 30 días. Según los investigadores, en comparación con los jóvenes que no usaban el cigarrillo electrónico, el grupo que vapeaba había presentado hasta siete veces más probabilidades de infectarse. Y el riesgo sería todavía más grande al vapear líquidos con nicotina.

El núcleo del mensaje es el mismo que el del divulgado por Daily Mail en septiembre de 2012. En una rápida búsqueda por Google se encuentran millares de veces las palabras “vaping”, “damage” y “lungs” en una misma oración (cerca de 2.260.000 resultados).

Las palabras de la investigadora responsable por el estudio, la doctora Bonnie Halpern-Felsher, se han traducido a centenas de idiomas y han encontrado eco en renombrados portales de noticias y hasta en grupos de WhatsApp familiares. Según ella, “los adolescentes y adultos jóvenes necesitan saber que, si usas cigarrillos electrónicos, es probable que estés en riesgo inmediato de contraer COVID-19 porque estás dañando tus pulmones”. Esa es la frase de trabajo, la que lidera y encierra el mensaje. En la mayoría de los medios la noticia se queda aquí. 

Desde luego hubo una gran manifestación en las redes sociales. Incluso aquí, en Vaping Today, hemos recibido un número récord de visitas en el artículo que trata del tema. Y desde la publicación del estudio en el Journal of Adolescent Research la protesta de los defensores y usuarios del vapeo, que era esperada por todos, no tardó muchas horas en llegar. 

La inmensa mayoría de los exfumadores que han cambiado al vapeo han experimentado una sustancial mejora en su salud. Esta se debe mucho más a dejar el tabaco que a los efectos del cigarrillo electrónico, por supuesto. Pero esa sorprendente mejora en su calidad de vida sumada a poder continuar consumiendo nicotina es lo que crea la pasión en la mayoría de los consumidores. Y es evidente que los autores del artículo, los financiadores antivapeo, los divulgadores prohibicionistas, los editores de la revista que publicó el estudio y los responsables de las agencias de noticias que lo difundieron sabían que iba a haber una reacción de protesta en las redes sociales.  

Debemos preguntarnos si la natural y necesaria respuesta de activistas y consumidores no está prevista en propagación de la desinformación, ya que de alguna manera acaba alimentando el mecanismo. Esto ocurre, por ejemplo, cuando el retweet de protesta termina por ayudar a difundir la desinformación. Esa puede ser una cruel epifanía. En cualquier caso, una posible respuesta a esta pregunta exige un poco de divagación y, sobre todo, reflexión. 

En el caso de Stanford, la motivación y el mensaje no son distintos de los de tantos otros casos, como el de EVALI y el de pulmones de palomitas de maíz. Al contrario, es un complemento, una continuación, una variación. Los principales recursos de comunicación para sostener la posición antivapeo son clásicos y hasta previsibles. Sobre todo es evidente el uso del argumento de quienes poseen más autoridad, fama y notoriedad frente al público. También de quienes tienen más poder económico para propagar información. El objetivo no es divulgar una investigación científica, sino dar una dosis más como complemento ideológico a la demonización ya implantada anteriormente en otros tantos estudios. Es un refuerzo en el momento adecuado a un sistema de creencias que ya se viene trabajando. Así el mensaje funciona sin tener que presentar argumentos plausibles y cumple su propósito.

En este caso específico el ataque también va dirigido a otros científicos y activistas. Entre sus objetivos podría estar reaccionar a la incipiente pero prometedora hipótesis del papel protector de la nicotina frente al nuevo Coronavirus y el agravamiento de su enfermedad. Ha habido indicios que respaldan esta hipótesis desde el inicio de la pandemia y, por eso, ha sido comunicada por distintos científicos en diversos lugares del mundo.

Vemos el mundo como somos

¿La carrera por la verdad la ganan quienes tienen más renombre, obtienen más financiación y consiguen más clics? No hay una receta única para combatir los intereses económicos o ideológicos en la comunicación. Hay espacios de fuga, pequeños oasis y espacios insulares que no siempre son de fácil acceso o no consiguen durar.  

Vaping Today nace para ser ese espacio de confluencia y confort, y para ser la antítesis de estos medios de distribución tradicionales que siguen siendo un vehículo que lleva a sus lectores con las ventanas cerradas conduciendo sus sistemas de creencias hacia la explosión de tendencias en las redes sociales. Nuestro quehacer lo sostiene la absoluta convicción en los beneficios del paradigma de la reducción de daños del tabaquismo, en los derechos humanos y en el derecho a la autodeterminación y a la salud.

Vaping Today es uno de esos espacios que tiene como principal objetivo hacer un periodismo comprometido con la verdad, aunque esta sea confusa, difícil de comprender o de describir. No tememos cometer errores o tener debilidades porque primero está el compromiso con nuestros lectores. No somos imparciales porque somos apasionados. Como nuestros lectores, somos un equipo de exfumadores que se ha sorprendido, se ha adentrado y ha profundizado en el universo de esta tecnología de productos de reducción de daños del tabaquismo que ha mejorado la vida de tantos millones de personas en todo el mundo. Nuestro leitmotiv es, con convicción y razón, el compromiso con la verdad. 

¿Por qué necesitábamos un periódico dedicado al vapeo, hecho por vaperos para vaperos? Por nuestros lectores y por nuestros valores. Como dijo Anaïs Nin: “No vemos las cosas tal como son; las vemos como somos nosotros”.

Este artículo lo produjo el equipo de Vaping Today. Si encuentra algún error, inconsistencia o tiene información que pueda complementar el texto, comuníquese utilizando el formulario de contacto o por correo electrónico a redaccion@thevapingtoday.com.
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