Atakan Befrits: “La misma organización que actualmente realiza la mayor parte del trabajo de control del tabaco, se encarga de que nada cambie”.

Atakan Befrits:
Foto: Atakan Befrits

En entrevista con Catania Conversation, el proyecto de divulgación científica del Centro de Excelencia para la Acelaración de la Reducción de Daños (CoEHAR), Atakan Erik Befrits, presidente de New Nicotine Alliance Sweden y experto en reducción de daños por tabaquismo, expone la verdadera situación de las nuevas tecnologías para el consumo de nicotina.

Tras lograr una reducción sustancial y eficaz en el consumo de tabaco, Suecia se toma frecuentemente como ejemplo de una buena política de control del tabaco. Se trata del país más exitoso de Europa en términos de prevalencia del consumo de tabaco: su tasa actual es del 5%, mientras que en los demás países está alrededor del 20%. Esto no se debe a estrictas políticas prohibicionistas de consumo en lugares públicos o a las populares alzas en los impuestos al tabaco, orgullo de la OMS, sino a los más de 250 años de tradición tabacalera enfocada en el consumo de un producto de riesgo reducido: el snus.

A pesar de esto, la situación no es tan sencilla como podría parecer. Las organizaciones médicas y las autoridades reguladoras suecas tienen una percepción negativa del snus, al que ponen en el mismo nivel del cigarrillo, dado que su paradigma se resumen en el tradicional y destructivo “deja de fumar o muere”. Teniendo esto en cuenta, el éxito del snus en el mercado escandinavo puede estar ligado al voz a voz, pues es común escuchar historias de muertes en las familias por consumo de tabaco, pero no sobre alguna dificultad en la salud de los consumidores de snus.

La contradicción de Suecia

El gobierno sueco pretende lograr la meta de una Suecia libre de humo para 2025, pero su posición estricta y prohibitiva de los cigarrillos electrónicos, a los que equipara con los cigarrillos convencionales, no es una gran estrategia para lograrlo. Actualmente, se esperan restricciones más severas, incluyendo la prohibición total de los sabores en el vapeo, así como reglas más estrictas para su comercialización y publicidad. La pregunta es por qué un país donde las alternativas de riesgo reducido parecen haber logrado lo que la prohibición no ha conseguido insiste en cancelar los productos de nicotina más seguros.

“Estamos presenciando un empeoramiento de las políticas de Reducción de Daños del Tabaco donde deberíamos haber visto mejoras, especialmente en lo que respecta a los cigarrillos electrónicos. Esto se debe a los estrechos lazos entre el control del tabaco de la Unión Europea y los homólogos suecos”, Menciona Atakan. A propósito de esto, en 2018 el Parlamento Europeo votó una ley para prohibir completamente el vapeo en todos los espacios públicos sin tener en cuenta la voz de los consumidores y basándose en campañas masivas desinformativas.

“En Suecia, las autoridades sanitarias sabían al menos desde 1975 que sin duda el snus es entre un 95% y un 99,9% más seguro que fumar, pero los gobiernos siguen con este concepto de que la reducción de daños es de alguna manera mala. En psicología se llama anclaje; si se ancla algo, entonces el cerebro es una máquina tan compleja en ciertas partes, pero simple en otras que se comporta de forma muy predecible, estúpidamente correcta. En medicina, cuando se tiene algo que es hasta un 90% más seguro, se consideraría fantástico. Pero en la política de salud pública, de alguna manera, la reducción del daño del tabaco se percibe mal”.

Cambiar la perspectiva

Atakan reconoce que la percepción negativa del vapeo está ligada a su vínculo con el cigarrillo y considera que, si este llegara a ser un paralelo del snus, tendría mayor aceptación y podría convertirse en una herramienta de cesación.

“La NNA de Suecia, a la que represento como presidente, se centra en recopilar y difundir siglos de conocimientos suecos sobre la reducción de daños del tabaco y ponerlos a disposición de la comunidad internacional. Al mismo tiempo, actuamos como guardián de los consumidores suecos para alertarlos de los mensajes erróneos, peligrosos o engañosos que envían los organismos reguladores internacionales. En general, en Occidente los organismos sanitarios siguen basando las políticas de reducción de daños por tabaquismo en una burda y mortal mentira sobre lo seguro que puede ser un producto de tabaco/nicotina, en parte porque pensamos que podemos permitírnoslo y en parte para ganar o prestigio, lo utilizamos como munición política”, menciona.

Además de lo anterior, Befrits recuerda la estimación de la OMS de los mil millones de muertos por tabaquismo que se esperan y resalta que las políticas de control del tabaco de esta organización son, precisamente, las que no permiten que esta cifra cambie, sobre todo en países de ingresos bajos y medios. “La misma organización que actualmente realiza la mayor parte del trabajo de control del tabaco se encarga de que nada cambie”, dice.

Las políticas de reducción de daños deben tenerse más en cuenta para lograr las metas mundiales de reducción de tabaquismo, pues con las políticas actuales el número de fumadores se ha mantenido igual durante los últimos 20 años.


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