Un llamado a la racionalidad en la lucha contra el tabaquismo

Un llamamiento a la racionalidad
Foto: Adobe Stock

Científicos publican en Mayo Clinic un llamado a la racionalidad para combatir el tabaquismo de manera efectiva.

En un artículo publicado en Mayo Clinic Proceedings, una de las principales revistas clínicas de medicina general e interna que se publica desde 1926, Thomas Glynn, Taylor Hays y Katherine Kemper, científicos del Centro de Investigación de Prevención de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford y del Centro de Dependencia de la Nicotina de Mayo Clinic, plantean a sus pares y a la comunidad interesada un llamado a la racionalidad en relación con el problema del tabaquismo.

Los autores resaltan que el 34 Informe del Surgeon General sobre tabaquismo y salud indica que en los Estados Unidos el tabaquismo ha disminuido un 30% entre la década de los 60 y el final de la primera década del siglo XXI. Si en 1964 la prevalencia de tabaquismo llegaba al 43%, casi la mitad de la población, en 2018 ha llegado a un mínimo histórico de 14%, la cifra más baja desde el final de la Primera Guerra Mundial. 

Este sin dudas es un logro que debe celebrarse. Se logró con el esfuerzo de generaciones de médicos, especialistas en salud pública, científicos, políticos, organizaciones de control de tabaco, consumidores y defensores de reducción de daños. 

El optimismo en los últimos años fue tan relevante que ya en el informe de 2014, el Surgeon General sentenciaba el inevitable fin del tabaco en el mundo. Cada vez más adultos dejarían de fumar, al tiempo que cada vez más jóvenes se sentirían menos atraídos por el tabaco. El futuro presentaba múltiples posibilidades. Además de las Terapias de Reposición de Nicotina y los medicamentos para dejar de fumar, se popularizaron alternativas tecnológicas al tabaquismo de menor riesgo y daño, más económicas para los individuos y sin costos para los Estados.

Un enfrentamiento dañino

Pero, en lugar de la celebración y de la sinergia para ampliar estas conquistas, lo que se puede percibir en los últimos años es una polarización y un conflicto a veces bastante intenso entre quienes defienden los avances tecnológicos para el consumo de nicotina que han incrementado la posibilidad de un mundo sin humo y aquellos que defienden la prohibición de estos avances tecnológicos y la abstención de la ingesta de nicotina por medios alternativos. De hecho, se trata del embate de dos grupos con paradigmas distintos, con diferentes maneras de ver e interpretar la cuestión, aunque al fin y al cabo poseen objetivos semejantes: salvar vidas.

Los investigadores de Mayo Clinic dejan claro que este enfrentamiento pone en riesgo los posibles avances futuros para acabar con el tabaquismo. Es un conflicto de mentalidades en relación con la salud pública. Se enfrentan quienes creen que es posible y necesario encontrar modos de minimizar los riesgos y daños de los comportamientos y hábitos de las personas y aquellos que creen que no, que simplemente hay que eliminar tales conductas. 

Específicamente, los defensores de la reducción de daños creen que los cigarrillos electrónicos, los dispositivos de tabaco calentado y el tabaco oral, o sea, todas las alternativas para el consumo de nicotina que no son combustibles o no derivan de la hoja de tabaco, se suman naturalmente a un menú de posibilidades para que la gente deje de estar expuesta o por lo menos reduzca la inhalación de humo. Para los agentes de control de tabaco, las únicas alternativas son los medicamentos, las Terapias de Reposición de Nicotina, como parches y chicles con nicotina, y la abstinencia.

“En parte, esta división se debió a que las primeras versiones de los productos de tabaco de “daño reducido” (por ejemplo, los cigarrillos con filtro de la década de 1950 y los cigarrillos con bajo contenido de alquitrán y nicotina de las décadas de 1960 y 1970) demostraron no ser menos dañinas, exacerbando la desconfianza en cualquier producto de “reducción de daños”, ya sea promovido por la propia industria tabacalera o por empresas independientes.

“Que la generación más nueva de cigarrillos electrónicos y tabaco sin humo, con reducciones documentadas de los daños, al menos a corto plazo, cree la oportunidad de cerrar la brecha actual entre estas posiciones dependerá en gran medida de la voluntad de las personas y organizaciones involucradas en este tema para aceptar alguna forma de reducción de daños como un medio para reducir el número de muertes y enfermedades por el consumo de tabaco combustible”.

La oposición entre ambos discursos es efectivamente dañina para los consumidores de cigarrillos que quedan en una situación de confusión y duda, sin saber exactamente en cuál de las posiciones depositar su confianza. Y, en general, simplemente se sienten desanimados y siguen fumando o buscan un médico de cabecera para tener una opinión de autoridad. El problema es que el ambiente de inseguridad y desorientación también se refleja en la comunidad médica. 

Muchísimos médicos desean fuertemente ayudar a sus pacientes a dejar de fumar. Pero muchos no tienen tiempo ni habilidades o preparación para estar al día con las más recientes evidencias científicas en este campo, que también está caracterizado por el antagonismo. Allí es frecuente el choque de interpretaciones sobre los mismos datos, las mismas pruebas, convicciones y explicaciones publicadas en las revistas científicas.

Se puede añadir al drama médico, por un lado, el hecho de que existe en mayor o menor medida una presión de las asociaciones para negar estas nuevas tecnologías en favor de las soluciones tradicionales de la industria farmacéutica. Y por otro lado, muchos médicos se encuentran en sociedades con malas o ninguna regulación y hasta ambientes de prohibición de esas nuevas formas de consumir nicotina. Comúnmente, siguen un cierto pragmatismo al prescribir las opciones aceptadas en su entorno cultural, generalmente medicamentos y TRN. Sin embargo, cada vez más médicos admiten ofrecer cigarrillos electrónicos a sus pacientes que han sufrido de efectos adversos o no han podido dejar de fumar con las opciones convencionales. 

“La práctica clínica responsable no puede continuar en esta línea, incapaz de participar en la toma de decisiones informadas sobre si recomendar o no el uso de cigarrillos electrónicos para dejar de fumar con un paciente que continúa expuesto a los daños graves y conocidos por fumar. Los médicos necesitan una guía clara de fuentes confiables y confianza en los productos que recomiendan”.

¿Qué se debe hacer?

En el artículo, los investigadores no se privan de citar algunos procedimientos y actitudes para llegar a una solución que pueda traer beneficios colectivos y duraderos. “Avanzar requerirá compromiso y flexibilidad por parte de todos los involucrados mientras se mantiene un estricto apego a producir y seguir buenos principios científicos y médicos sólidos”. En este sentido recomiendan:

  1. Reorientar los esfuerzos de control del tabaco hacia el cigarrillo convencional, combustible.
  2. Continuar con las políticas de control del tabaco que han demostrado su eficacia.
  3. Aprovechar el concepto de “continuo de riesgo” de la FDA.
  4. Promover la ciencia circundante a la nicotina.
  5. Apoyar los esfuerzos para reducir la absorción de nicotina por parte de los jóvenes.
  6. Apoyar la regulación razonable de los cigarrillos electrónicos por parte de la FDA.
  7. Promover una investigación más rigurosa sobre el desarrollo de nuevos y más seguros cigarrillos electrónicos y la promoción responsable.
  8. Recordar a los médicos: ellos deben tener apoyo científico y protocolos seguros para la seguridad de indicar o no cigarrillos electrónicos a sus pacientes.
  9. Ser flexible pero no ingenuo al evaluar los posibles roles que pueden desempeñar las industrias del tabaco y del vapeo para acelerar el declive del consumo de cigarrillos.

Los autores tienen conciencia de que sus aportes seguramente no son suficientes para producir un cambio significativo en este conflicto. Pero reconocen que sería irresponsabilidad simplemente aceptar el status quo y no hacer nada. Sería “sin duda, perjudicial para la salud pública”.

Tenga en cuenta que en los pocos minutos que llevó revisar los puntos de este comentario, aproximadamente 25 estadounidenses y 300 personas en todo el mundo murieron por complicaciones derivadas del uso de tabaco combustible. Este es un costo que debería ser inaceptable para todos nosotros, sin importar dónde se encuentre uno en relación con los temas aquí presentados. No debemos ni podemos seguir participando en el vergonzoso y divisivo conflicto que la era del cigarrillo electrónico ha provocado en la comunidad del control del tabaco. Están en juego las vidas de demasiadas personas. Podemos y debemos hacerlo mejor y pasar al fin del tabaquismo.

Fuente: E-Cigarettes, Harm Reduction, and Tobacco Control A Path Forward?


Este artículo fue traducido y adaptado al español por el equipo de Vaping Today. Si encuentra algún error, inconsistencia o tiene información que pueda complementar el texto, comuníquese utilizando el formulario de contacto o por correo electrónico a redaccion@thevapingtoday.com.

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